Desde el pasado mes de septiembre he cambiado radicalmente
mis hábitos alimenticios y creo que actualmente son bastantes más saludables.
Hasta que comencé con la dieta que me facilitaron en el
gimnasio al que acudo diariamente, solamente hacía tres comidas diarias:
desayuno, comida y cena. Comía comida del comedor escolar, la cual suele posee
para los adultos un exceso de hidratos de carbono y grasas, además de cocinar
mucha comida frita. En los desayunos abusaba mucho de la bollería y los dulces, y tanto en
la comida como en la cena comía bastante pan blanco.
Desde septiembre hago diariamente 5-6 comidas, los desayunos
son bastante más sustanciosos que antes, pero más sanos, sustituyendo la
bollería por dos tostadas de pan tostado integral con mermelada sin azúcar. Mis
comidas se caracterizan por tener mayor cantidad de proteínas, aunque también
está compuesta de otros nutrientes, sin abusar de ninguno de ellos. He dejado
de comer pan blanco, sustituyéndolo en ocasiones por pan integral o una tortita
de arroz. Bebo mayor cantidad de agua que antes, y suelo hacerlo
preferentemente antes de las comidas, pues he leído en algún artículo que
consumir agua antes de las comidas ayuda a una mejor digestión. Algunos fines
de semana sí que hago algún que otro día una “comida trampa” probando cuando
salgo de tapas comidas que se salen de mi dieta habitual, bien sea porque son
comidas fritas o porque tienen exceso de grasa. Lo cierto es que con mis nuevos
hábitos alimenticios combinado con la
realización de actividad física regular he conseguido en estos meses cambios
muy positivos.
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